
|

Benedicto
XVI formó parte, desde el principio, del núcleo original
de iniciadores de la revista y la ha impulsado y acompañado con
sumo interés desde sus principios.
Expresión de este hecho y guía orientadora de nuestra tarea
son, entre otros, los siguientes textos:
ASPECTOS
ESENCIALES DE LA REVISTA INTERNACIONAL CATÓLICA COMMUNIO
(Ideas extraídas
del discurso del entonces cardenal J. Ratzinger con ocasión del
XX aniversario):
“Communio
fue fundada para atraer y unir a los cristianos sobre la base de su fe
común”.
-
Ante el intento de presentar los residuos de la teología liberal
como novedades más interesantes que las verdades de fe objetivas
(en la crisis postconciliar) y preferirse fantasías sobre el
cristianismo, en ocasiones, a la reflexión teológica
sobre el depósito de la fe surgió
la idea de la revista como un instrumento de diálogo permanente
con las diversas corrientes.
-
La
revista debía servir también para
posibilitar una apertura recíproca de las culturas y para iniciar
un diálogo fecundo entre ellas, permitiendo a la vez
el desarrollo de lo específico de cada una de ellas (dadas
las lógicas situaciones sociales y eclesiales diversas).
-
La
relación entre Teología y cultura debía ser una
característica esencial de la revista.
En consecuencia, el Consejo de redacción debía estar
formado tanto por teólogos como por representantes de otras
disciplinas, para que la revista pudiera
convertirse así en un auténtico foro de diálogo
entre fe y cultura.
-
Communio
nunca fue concebida como órgano de expresión de ningún
movimiento, institución o realidad eclesial, sino que debía
dirigirse a todo tipo de cristianos, independientemente de su procedencia.
-
La
revista debe aspirar a ser un punto de encuentro entre creyentes,
a partir de su fe común, y que propicie una nueva relación
de amistad y colaboración fraterna entre las personas cercanas
a ella. Es importante que sirva para sustraer
a la comunidad eclesial de las vivencias carismáticas concretas
y "dirigir a ésta hacia lo católico, más
allá de sí misma" (H. U. Von Balthasar).
-
La
comunión con Dios no puede ser vivida sin una preocupación
real por la comunidad de los hombres. Por eso, la
dimensión ética y social pertenece teológicamente
a la esencia de Communio. Tiene que ocuparse de las
grandes cuestiones éticas y sociales de nuestro tiempo y juzgar
los problemas de la política y de la economía a la luz
de la Palabra de Dios, de manera crítica
y constructiva a la vez.
-
No
es una revista académica:
“¿Hemos transmitido realmente a un mundo hambriento la
palabra de la fe de un modo comprensible y capaz de llegar al corazón
de los hombres, o nos hemos quedado dentro del estrecho círculo
de los que se pasan la vida polemizando en interminables cuestiones
eruditas?”
-
No
se trata de refugiarse en la erudición teológica. Por
tanto, no debe reducirse su público al círculo de especialistas,
de los teólogos, organizadores o burócratas eclesiásticos;
debe dirigirse a los hombres que se cuestionan
seriamente su existencia para, en diálogo con ellos, convertir
la revista en un instrumento misionero en el sentido pleno de la palabra.
-
Es
un proyecto que precisa el ímpetu, la alegría del riesgo
y el coraje de la fe. “No
se trata de hacerse el valiente con fanfarronería, sino de
tener verdadero valor cristiano para exponerse” (Von Balthasar).
-
Es
indispensable que Communio no sea una oferta puramente intelectual,
sino que surja como expresión de una
comunión vivida y que apueste por ser un instrumento de comunión
en la vida de la Iglesia.

Estas
bellas y certeras palabras, del mismo discurso, expresan el núcleo
de la intención misma de la Revista:
“Communio
debe hacer de la Palabra de Dios la respuesta a los problemas del hombre.
Esto significa que no debe reducirse al círculo de los especialistas,
de los teólogos o de los organizadores y burócratas eclesiásticos
(…), debe dirigirse a los hombres que buscan y se cuestionan seriamente
su existencia para, en diálogo con ellos, aprender a percibir la
luz de la palabra de un modo siempre nuevo y constantemente renovado.
Podríamos decir también que nuestra revista tiene que ser
misionera en el sentido pleno de la palabra.
La comunión con Dios no puede ser vivida sin una preocupación
real por la comunidad de los hombres. Por eso, la dimensión ética
y social pertenece teológicamente a la esencia de Communio.
Una revista que se propone este programa tiene que ocuparse también
de las grandes cuestiones éticas y sociales de nuestro tiempo.
No ha de hacer política, pero tiene que juzgar los problemas de
la economía y de la política a la luz de la palabra de Dios,
tiene que ser crítica y constructiva al mismo tiempo.
¿Hemos trasmitido a un mundo hambriento la palabra de la fe de
un modo comprensible y capaz de llegar al corazón de los hombres,
o nos hemos quedado dentro del estrecho círculo de quienes matan
el tiempo con el lenguaje especialista, pasándose la pelota unos
a otros?”
Cardenal
Joseph Ratzinger (1992)
|

|