Ratzinger y Communio

Benedicto XVI formó parte, desde el principio, del núcleo original de iniciadores de la revista y la ha impulsado y acompañado con sumo interés desde sus principios. Expresión de este hecho y guía orientadora de nuestra tarea son, entre otros, los siguientes textos:

ASPECTOS ESENCIALES DE LA REVISTA INTERNACIONAL CATÓLICA COMMUNIO
(Ideas extraídas del discurso del entonces cardenal J. Ratzinger con ocasión del XX aniversario):

“Communio fue fundada para atraer y unir a los cristianos sobre la base de su fe común”.

  1. Ante el intento de presentar los residuos de la teología liberal como novedades más interesantes que las verdades de fe objetivas (en la crisis postconciliar) y preferirse fantasías sobre el cristianismo, en ocasiones, a la reflexión teológica sobre el depósito de la fe surgió la idea de la revista como un instrumento de diálogo permanente con las diversas corrientes.
  2. La revista debía servir también para posibilitar una apertura recíproca de las culturas y para iniciar un diálogo fecundo entre ellas, permitiendo a la vez el desarrollo de lo específico de cada una de ellas (dadas las lógicas situaciones sociales y eclesiales diversas).
  3. La relación entre Teología y cultura debía ser una característica esencial de la revista. En consecuencia, el Consejo de redacción debía estar formado tanto por teólogos como por representantes de otras disciplinas, para que la revista pudiera convertirse así en un auténtico foro de diálogo entre fe y cultura.
  4. Communio nunca fue concebida como órgano de expresión de ningún movimiento, institución o realidad eclesial, sino que debía dirigirse a todo tipo de cristianos, independientemente de su procedencia.
  5. La revista debe aspirar a ser un punto de encuentro entre creyentes, a partir de su fe común, y que propicie una nueva relación de amistad y colaboración fraterna entre las personas cercanas a ella. Es importante que sirva para sustraer a la comunidad eclesial de las vivencias carismáticas concretas y "dirigir a ésta hacia lo católico, más allá de sí misma" (H. U. Von Balthasar).
  6. La comunión con Dios no puede ser vivida sin una preocupación real por la comunidad de los hombres. Por eso, la dimensión ética y social pertenece teológicamente a la esencia de Communio. Tiene que ocuparse de las grandes cuestiones éticas y sociales de nuestro tiempo y juzgar los problemas de la política y de la economía a la luz de la Palabra de Dios, de manera crítica y constructiva a la vez.
  7. No es una revista académica: “¿Hemos transmitido realmente a un mundo hambriento la palabra de la fe de un modo comprensible y capaz de llegar al corazón de los hombres, o nos hemos quedado dentro del estrecho círculo de los que se pasan la vida polemizando en interminables cuestiones eruditas?”
  8. No se trata de refugiarse en la erudición teológica. Por tanto, no debe reducirse su público al círculo de especialistas, de los teólogos, organizadores o burócratas eclesiásticos; debe dirigirse a los hombres que se cuestionan seriamente su existencia para, en diálogo con ellos, convertir la revista en un instrumento misionero en el sentido pleno de la palabra.
  9. Es un proyecto que precisa el ímpetu, la alegría del riesgo y el coraje de la fe. “No se trata de hacerse el valiente con fanfarronería, sino de tener verdadero valor cristiano para exponerse” (Von Balthasar).
  10. Es indispensable que Communio no sea una oferta puramente intelectual, sino que surja como expresión de una comunión vivida y que apueste por ser un instrumento de comunión en la vida de la Iglesia.

Estas bellas y certeras palabras, del mismo discurso, expresan el núcleo de la intención misma de la Revista:

Communio debe hacer de la Palabra de Dios la respuesta a los problemas del hombre. Esto significa que no debe reducirse al círculo de los especialistas, de los teólogos o de los organizadores y burócratas eclesiásticos (…), debe dirigirse a los hombres que buscan y se cuestionan seriamente su existencia para, en diálogo con ellos, aprender a percibir la luz de la palabra de un modo siempre nuevo y constantemente renovado. Podríamos decir también que nuestra revista tiene que ser misionera en el sentido pleno de la palabra.
La comunión con Dios no puede ser vivida sin una preocupación real por la comunidad de los hombres. Por eso, la dimensión ética y social pertenece teológicamente a la esencia de Communio. Una revista que se propone este programa tiene que ocuparse también de las grandes cuestiones éticas y sociales de nuestro tiempo. No ha de hacer política, pero tiene que juzgar los problemas de la economía y de la política a la luz de la palabra de Dios, tiene que ser crítica y constructiva al mismo tiempo.
¿Hemos trasmitido a un mundo hambriento la palabra de la fe de un modo comprensible y capaz de llegar al corazón de los hombres, o nos hemos quedado dentro del estrecho círculo de quienes matan el tiempo con el lenguaje especialista, pasándose la pelota unos a otros?”

Cardenal Joseph Ratzinger (1992)